Capacidad para el autocuidado

Activación del paciente para autocuidado

La activación del paciente describe la capacidad e implicación de un paciente para el autocuidado, lo que incluye controlar su evolución, gestionar el impacto físico, emocional y social de la enfermedad y decidir cómo y dónde obtener la asistencia sanitaria que necesita según cada momento. El compromiso con objetivos terapéuticos (incluyendo hábitos de salud y variables clínicas) es una de las lagunas en la investigación realizada hasta la fecha. Esta activación se ha mostrado directamente relacionada con mejoras en el estado de salud con distintos tipos de enfermedad crónica y un consumo racional de recursos sanitarios a corto y medio plazo.

El concepto de paciente experto es muy similar salvo que se refiere a un perfil concreto de paciente que está “activado” pero que es además capaz de liderar y transmitir información relevante para promover el autocuidado a otros pacientes en una situación similar. En ambos casos se busca promover el autocuidado como uno de los elementos característicos de una atención centrada en el paciente. La activación del paciente es uno de los objetivos de la Estrategia para el Abordaje de la Cronicidad en el Sistema Nacional de Salud y de la Estrategia de Cronicidad de la Comunidad Valenciana.

 

El papel del cuidador

La pareja que forman envejecimiento y cronicidad a menudo va asociada a una pérdida de funcionalidad y autonomía que exige la ayuda de terceras personas para la realización de actividades de la vida diaria y para la gestión de las demandas de la enfermedad. Cuando se habla de cronicidad y autocuidado, se ha de contemplar también la situación en la que la persona afectada no puede hacerse cargo de sus propios cuidados y estos son asumidos por un cuidador, con frecuencia mujeres no profesionales con algún tipo de vínculo familiar con el paciente.

La prestación continuada de cuidados a una persona con cierto grado de dependencia supone una sobrecarga emocional y física para el/la cuidador/a que puede repercutir negativamente en su bienestar físico, psicológico y social. Ante esta circunstancia, se ha puesto en marcha el movimiento cuidar al cuidador con iniciativas como los programas respiro.

Asimismo, se han desarrollado diferentes instrumentos para medir la sobrecarga del/la cuidador/a, siendo el más utilizado la escala Zarit (Zarit et al., 1980).

 

PROPESE (PROgrama de PREvención Secundaria cardiovascular)

Se trata de un programa de intervención que establece objetivos personalizados para cada paciente en función de: estratificación del riesgo y nivel de conocimientos de salud, dedicando más esfuerzo al paciente con más riesgo y menos conocimientos.

PROPESE Valora el cumplimiento terapéutico (medidas farmacológicas y no farmacológicas), uso de cartillas de seguimiento donde el paciente conozca los objetivos de control y su situación personal. Se basa en la idea: paciente bien informado=paciente experto. Sin embargo, en su diseño el alcance está limitado a unos pocos pacientes y consumen muchos recursos de enfermería.

Este programa ha demostrado su capacidad de implicar al paciente en autocuidado y su contribución a la prevención secundaria en procesos cardiovasculares.

 

Errores de medicación de pacientes

Las confusiones de dosis o de medicamento por parte de pacientes suponen un 5% de los ingresos hospitalarios. Los estudios de nuestro grupo en España han puesto de manifiesto la frecuencia con la que los/as pacientes cometen errores de medicación que oscila, por ejemplo, en atención primaria, el 19,4%, IC 95%: 17–21 informaron haber cometido en el último año al menos un error de medicación.

En el estudio de Metlay y cols del programa de reducción de errores de medicación del estado de Pennsylvania, en EEUU, un 32% de los/as pacientes mayores no recibieron información adecuada para seguir en casa una pauta correcta con los fármacos prescritos. Field y cols, en Massachusetts, encontraron que la mayor parte de los errores se produjeron con hipoglucémicos orales (29%), medicación cardiovascular –betabloqueantes y calcioantagonistas‐ (22%), anticoagulantes (19%) y diuréticos (10%). Los/as pacientes polimedicalizados eran quienes cometían más errores.

La implicación del paciente en su autocuidado, ha demostrado que contribuye a un correcto uso de los medicamentos, por ejemplo, asociando la medicación a las comidas diarias, haciendo anotaciones en los envases, al recurrir a pillbox.

 

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